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Mi Kisha: Mi amor perruno, mi amor eterno...

  • Foto del escritor: MarisolSoto
    MarisolSoto
  • 9 ago 2021
  • 3 Min. de lectura

Llegó el día que tanto temía, el día en que mi Kishita se fue de viaje al cielo con Dios y los angelitos...


Hoy una parte de mi corazón ha dejado de latir junto al de mi pequeña princesa, mi hermanita y mi fiel compañera. Hoy los ángeles caninos revolotean y ladran felices al recibir otra colega en su paraíso.


El llanto y las palabras no son suficientes para expresar este dolor que siento en mi alma, nada podrá devolverme los momentos más felices de mi infancia junto a un ser que llegó a darle vida a mi vida, mi Kisha.


Pasé las mejores tardes revolcándome con ella sin importar la lluvia o el sol, corríamos de un lado a otro como locas, bailábamos y jugábamos todos los santos días desde que yo tenía 11 años y ella era una bebé de dos meses.


Inevitablemente, las horas de “chirotear” se redujeron al yo dejar de ser una niña y convertirme en una mujer con responsabilidades laborales y universitarias.


No obstante, todas las noches al llegar a casa ella me recibía muy feliz, agitaba su colita y se paraba en dos patitas para abrazarme.


Kisha me regaló su amor incondicional, me sacó muchísimas carcajadas a lo largo de sus 11 años de existencia, así como también estuvo a mi lado cuando me sentía triste, cuando lloraba por cualquier razón. Yo le contaba mis sentimientos, lo que me sucedía fuera de casa y ella siempre me miraba directo a los ojos y me daba lengüetazos en señal de “te estoy escuchando”.


A pesar de ser una criatura inquieta y escandalosa, siempre fue educada y obediente, eso sí, muy territorial, protectora y cazadora, era perfecta.

Súper cariñosa, consentida y se tiraba panza arriba cuando le hablaba tierno, también le gustaba saltar (parecía canguro), tumbaba la puerta de la sala todos los días a la misma hora para exigir su comidita.


Llegué a conocer todas sus mañas, sus gustos, sus costumbres, incluso, sus diferentes tonos de ladrar y el significado de cada uno. Aprendí mucho de ella, la amé desde el primer segundo que la vi, se lo dije todos los días y la seguiré amando por siempre.


La protegí de todo, del hambre, del frío, del calor, del estruendo de los cohetes, de los truenos, hasta de incendios y huracanes. Sin embargo, no pude protegerla del tiempo, no pude impedir que se cayeran sus dientitos, fue imposible evitar sus canas, no pude mantener su energía intacta, fui incapaz de preservar su colita loca y entendí que el reloj se convertía en nuestro enemigo.


Hoy, 7 de agosto de 2021, papá me despertó con la peor noticia del año, su cuerpecito estaba inmóvil en una posición que parecía cómoda, mis ojos de inmediato se llenaron de lágrimas, la acaricié por última vez, estaba calientita y su pelaje comenzaba a sentirse áspero.


Mi novio me ayudó a conseguir un ataúd para ponerla a descansar como se merece, luego la enterramos en el patio de mi casa y le decoramos su pequeña tumba con flores que simbolizan la fuerza, delicadeza y vivacidad que siempre tuvo.


¡Vuela alto, mi niña hermosa! Me duele tu ausencia, lamento mucho no haber podido detener tu partida, pero sé que estás en un mejor lugar y le pido a Dios que en otra vida nos volvamos a encontrar y abrazarnos mucho.


Descansa en paz, mi Kishita preciosa… Mi negrita consentida...



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©2021 by Marisol Soto 

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